
“LA VICTORIA DE LO INÚTIL”
Por Daniel Acosta
“¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?
¿Hay algo que valga más que tu alma?”
Mateo 16:26 (La Biblia, Nueva Traducción Viviente)
A través de los tiempos el ser humano siempre ha buscado superarse en todo aspecto y esto lo ha llevado a una carrera competitiva imparable. Es así como vemos destacados hombres de ciencia, de arte, de literatura, así como también a ricos y famosos en el deporte, las finanzas, el espectáculo, entre tantos otros ejemplos. También están aquellas personas que buscan emular el éxito de otros dejándose llevar por cierto estereotipo publicitario que es muy bien aprovechado por las grandes corporaciones y se ve cómo la gran mayoría de las personas corre detrás de la zanahoria de la moda: del último celular, del mejor gadget tecnológico o cualquier prenda de vestir que marque una tendencia. Pero no debemos olvidar que esto no es más que una construcción humana pasajera, y que así como siglos atrás existieron grandes metrópolis las cuales terminaron convirtiéndose en las ruinas de un efímero pasado, las metrópolis de hoy serán las ruinas arqueológicas del mañana.
Pero… ¿por qué hacemos todo esto? Probablemente se deba a una necesidad humana por recibir reconocimiento por parte de otros o el querer llamar la atención de los demás.
¿Qué provecho sacamos de todo esto para nuestra vida espiritual?
¿Cuán importante es para ti tu alma?
Es interesante leer cómo el rey Salomón hablaba de la vanidad de la vida, (Eclesiastés 1:2) él usó la palabra hebrea “Hebel o Hevel” que significa “nada tiene sentido”, “vana ilusión”, “vacío”, “pérdida de tiempo”, “suspiro”, o simplemente algo “inútil”. Es decir que el libro de Eclesiastés nos ayuda a poner las prioridades de la vida sin descuidar nuestra relación con Dios. Debemos lograr un equilibrio entre la vida en este mundo y la vida espiritual ya que ambas son importantes. No es necesario correr en la vida para lograr “ser alguien”, no te apresures. Digo esto porque vivimos en un mundo en donde todo es veloz, si la vida es corta ¿por qué la hacemos más corta de lo que ya es? no es necesario ir tan rápido de la cuna a la tumba, Dios nos ha puesto en este mundo para que aprendamos a vivir con sabiduría. En la vida hay que ir lento, la lentitud nos permite adquirir sabiduría en la tranquilidad de la observación y la reflexión. El mundo nos hace creer que la velocidad es mejor, pero no debemos dejarnos llevar por ese pensamiento, lo mejor está en la lentitud porque en la velocidad se toman malas decisiones, se cometen más errores, se vive con estrés, con ansiedad por lograr aquello que no podemos e incluso nuestra salud se puede ver afectada. No hay que correr en la vida. Dios dice:
“No es bueno actuar sin pensar; LA PRISA es madre del error.
El tonto fracasa en todo, y luego dice: ¡Dios tiene la culpa!”
Proverbios 19:2-3 (La Biblia, Traducción en lenguaje actual)
¿Lo entiendes ahora? Dios no es responsable de tus decisiones, al contrario, Dios había diseñado nuestra vida para que la vivamos con plenitud (Lee Salmos 139:16 y Jeremías 29:11). Los planes de Dios para nuestra vida fueron escritos con amor y sabiduría y fueron puestos en la Biblia… siempre estuvieron ahí, a nuestra disposición; sin embargo, nuestras decisiones lo pueden cambiar todo. Por ejemplo mi padre fue una persona exitosa financieramente y siempre se creyó superior a otros, amontonó riqueza para sus placeres, pero cuando yo le hablaba de Dios se fastidiaba mucho, hasta que un día me dijo:
«Cuando me falte un minuto antes de morir, me convertiré al Señor»
Años después y en plena pandemia, mi padre sufrió de cáncer y días antes de morir perdió el habla, solo podía abrir los ojos y mover apenas la mano. Finalmente mi padre partió en el más impoluto silencio.
«Es mejor vivir la vida lentamente».
Y aunque no me dejó nada material, sí me dejó una profunda reflexión. Si te cuento esto, es para que entiendas que lo más importante es tu relación con Dios. Se trata de tu ALMA y de cómo estás trabajando tu crecimiento interior, no digo que el deseo de superación sea malo porque el éxito de algunos ha sido de gran ayuda para el desarrollo de la sociedad pero no debemos olvidarnos del desarrollo espiritual. Disfrutemos de una vida equilibrada entre la vida en este mundo y la vida espiritual, personalmente no le encuentro lógica al sentirnos ganadores cuando aún no hemos ganado la vida eterna (lee Eclesiastés 12:13-14).
En conclusión, es inutil creerse mejores que otros o malgastar nuestro tiempo y dinero corriendo detrás de un éxito o apariencia que en algún momento terminará. En lugar de eso hay que vivir la vida con lentitud porque es así como podremos vivir experiencias y adquirir sabiduría al preguntarnos ¿qué significó mi vida el día de hoy?, ¿qué experiencias he aprendido?, ¿a quiénes he podido servir? Este tipo de pensamientos agradan a Dios, y la Biblia te enseña cómo puedes ser más útil al Señor con los talentos que te dio. El éxito es mejor cuando va de la mano con valores bíblicos. La balanza de la vida tiene que estar equilibrada con el aquí y el allá, porque al final, la vida es mejor cuando la vives con Dios.
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Reflexión
“No es necesario que vivas la vida velozmente, disfruta cada día y adquiere sabiduría. Dios sigue teniendo planes para tu vida.”
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El ser humano se mueve por Ego, egoísmo, poder y de lo externo de como lo puede ver el otro por la inseguridad de la carne , la ropa se gasta y se apoliya, los autos se vuelven viejos y lo material se pierde, el cuerpo envejece , pero nuestro alma y espíritu permanecen jóvenes , en paz y en gozo y felicidad con el amor de Cristo Jesús
Desde una perspectiva no ligada a la religión, comparto muchos aspectos respecto a la inutilidad de poseer cada vez más cosas materiales y llevar una vida acelerada sin tener bien claro los motivos y razones que nos impulsan a actuar fe ese modo.
Muchas gracias, me ayudo a reflexionar y volver a examinarme a mi mismo.
Acerca de nuestro tiempo y el modo en que lo empleamos, siento que necesito volver a priorizar mí espiritualidad, estudiar y trabajar, para lograr cosas, esta bien, pero sin descuidar mí relación con Dios. Gracias, me ayudo.